miércoles, 13 de enero de 2016

Niño, soy y sigo siéndolo.




Mis ojos de niño olvidado
sangran luces vencidas entre las lágrimas.
Se duermen lentamente,
despojados de ambiciones de adultos,
se quiebran en ilusiones y desatan tempestades
de risas,
al ver cómo un pájaro caza a una orquídea.

Mi niño, el que abandoné hace años y años
me dejó de herencia una infancia dentro del pecho,
cajón más errante que certero,
en sus latidos y sollozos de viejo.
La boca de mi niño canta y se abraza a una voz adulta,
una voz que desdeña a cada minuto
embarcado en la incesante tarea de la búsqueda del alma,
alma que el fuego de la adultez incineró.
Mas como ese pájaro que revive entre las cenizas,
mi niño, el que creía muerto,
nació con más fuerza dentro de mi cabeza,
y me ordena,
y me implora
y me ruega,
que siga siendo éste adulto, este fantoche-quizá- para el mundo,
que insiste en ser uno,
uno con aquel niño que me guía el timón de la conciencia.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Oda al abandono.


Oda al abandono


Pude libar tu ausencia
cómo quién el rocío, atrapa.
Pude ser tu Ulises
en esta melancolía que
en océano de furia,
mi sangre ahoga y mata.
Pude ser vampiro en
Irrefrenable celo,
Y copular en tus labios,
Brumosos por oleaje y nervio.
Sin embargo,
Estalló la salida,
La penumbra se adueñó
De una partida anunciada,
Y el gatillo gritó más fuerte,
En lo más abandónico, de la madrugada.
Odio esa vestimenta inerte,
Que cubre tu desnuda piel,
Te envuelve y te aqueja,
Te muestra como jamás te quise ver.
Podría decirte, tanto, tanto, este día.

¡Oh, señor del abandono!

Pero mi garganta no soporta
Respirar en tu lápida,
Entonces el acero es el protagonista,
La sangre y su cálido hedor,
Bañan tu recuerdo en la tierra.
El abandono se hace carne,
Se sellan dos muertes,
Que se rindieron antes de tiempo,
Ante la cobardía de no entregarse,

Al abandono de la vida.

Oda al deseo



Fe es el deseo de no saber lo que es verdadero. 

Nietzsche


Oda al deseo


Dudo ante un anhelo,
se presenta sin ojos,
crispa mi interior
y me provoca un desgarro,
un desprendimiento,
entre mi psique y mi cuerpo.

¡Oh, impuro deseo!
indecoroso sentir del hombre
que lucha entre clavos,
púas y encierro.
Dudo de su real efecto,
ignoro si el deseo es carne,
horizonte o un velo que esconde sueños,
en relojes de arena,
que ocultan los tiempos.
¡Oh, deseo sublime
que guías o modificas
sus realidades,
incrustas destinos,
ocultas mentiras o verdades.
El hombre huye del vientre,
carcel de amanecer,
deseando conocer,
lo ínfimo del minuto cero,
y allí, desea otra vez.
¡Oh, deseo del hombre
quien buscando el imposible
en el mundo,
olvida que en su alma habitaba la llave,
la del deseo eterno,
ése de abrir puertas
que lo lleven,
al siguiente averno.


jueves, 5 de noviembre de 2015

“Preludio que no muere”







En lo profundo del océano fuí una noche a cabalgar,
sobre sirenas ariscas y brisas semejantes a un tibio metal,
cuando te ví



la respiración se me hizo un lastre difícil de doblegar,
cuando al ver tus ojos mi cuerpo otrora un junco
de roca pesada se volvió, y me hundí en la zona abisal…
ví tu figura escapando entre oleajes de furiosos bríos,
y te ví seduciendo mis cabellos, cómo el ave seduce nubes.
  Ví tu boca en movimiento, en burbujeante eco
llamando a mi vientre que celoso de las algas obedece
y se incrusta infiel en las caderas de tu talle,
el que fuera dibujado por alondras o caballitos de mar,—no lo sé—



Fui a cabalgar a las profundidades de nuestros océanos
una noche y sin más, adopté la postura del horizonte
permití al amanecer que bañara nuestras pieles y me dejé
besar por la playa de tus pensares y solamente decidí
ser el agua para tu sed y esperar que seas el corazón
que en mi pecho simplemente anhela para ,algún día
volver


en vos


a nacer.